Artes Visuales

Un homenaje el oficio de la pintura de caballete, con el atelier del artista como acto de declaración de principios y la pintura como acto de pintarse en sí misma. Así define el restaurador y pintor Francisco González Lineros a LA ALEGORÍA DE LA PINTURA, la nueva muestra de la joven artista Filipa Eyzaguirre, que se presenta en el Centro Cultural.

La exposición, compuesta por una veintena de obras al óleo sobre tela y papel, ofrece trabajos que son herederos de la estética y potencia del expresionismo abstracto, nacido de la mano de Jackson Pollock en el Estados Unidos de mediados del siglo pasado.

Pero, más allá de lo estético, constituye una pintura como paradoja de sí misma. Así lo explica González Lineros:

“Este mundo nada aséptico (al cual se acogen las artes visuales contemporáneas) es el espacio de interés, de ensimismamiento, de aislamiento racional en el cual se desarrolla el actuar creativo de esta autora, lo que se constata semánticamente en la construcción de cada uno de sus precarios elementos (su entorno de taller); que aparecen develando el misterio propio de la pintura de caballete”.

Y agrega: “Este bello intento de rescatar la pintura con los elementos que la componen es tremendamente profundo. Nos habla de situarse en ese estado cero, donde lo más precario puede signar y dar sustancia visual a la representación de esa verdad que ella quiere develar: el acto de pintar desde las entrañas”.

Filipa Eyzaguirre Valenzuela (1987) es licenciada en Bellas Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre 2011 y 2015 residió en Madrid, París y Toronto, donde realizó estudios en Instituto Superior de Arte (Iart), Madrid; CaixaForum, Madrid, y La Sorbonne, París.
Ha participado en ferias de arte y muestras colectivas como Faxxi I, Santiago; Mediodía chica, Madrid; La Maison du Chili, París; Scuola Italiana, Santiago; Bienal de Florencia y Bienal de Venecia, Italia; Feria Art Santiago, y exhibe de forma individual en Artic Blue Gallery, Ibiza, y bipersonal en Galería La Sala.

Su obra se encuentra en las colecciones Ojo andino y Ojo latino, de Luciano Benetton.

Imparte talleres de pintura y dibujo en la Corporación María Ayuda y, junto a Francisca Valenzuela, trabaja en el proyecto Una nueva mirada, dedicado a niños en riesgo social.