Artes Visuales

Por primera vez y gracias a un riguroso trabajo, a cargo del investigador Wenceslao Díaz Navarrete, se han logrado reunir gran parte de los famosos diarios escritos e ilustrados por las hermanas Carmen y Ximena Morla Lynch, que narran episodios ocurridos entre 1891 y 1902. El resultado, el libro LAS MORLA. Diarios y dibujos de Carmen y Ximena Morla Lynch, y una exposición del mismo nombre, que se presentará en la Casa-Museo de Santa Rosa de Apoquindo.

La presentación del libro de Ediciones UC, editado y compilado por el coleccionista e investigador, y la inauguración de la muestra se realizará el miércoles 19, a las 19:30 horas, en la Casa-Museo, ubicada en Padre Hurtado Sur 1195.

Las hermanas Morla, que más tarde serían conocidas por sus sesiones de espiritismo, eran hijas del diplomático chileno Carlos Morla Vicuña y de Luisa Lynch del Solar, y a raíz del trabajo de su padre, les tocó vivir en diferentes continentes. Como pocas familias chilenas de la época, los Morla Lynch tuvieron acceso a lo mejor de la cultura mundial y establecieron una importante red de relaciones sociales.

Las crónicas se inician cuando ambas eran niñas, por lo que los relatos y los dibujos poseen la transparencia e ingenuidad de la infancia, sin embargo describen muchos hechos de relevancia nacional e internacional. Como punto de partida, Wenceslao Díaz elige el momento en que Morla Vicuña debe renunciar a su puesto diplomático a raíz de la Revolución de 1891 y se instala junto a su familia en una pequeña aldea del Tirol, entre Austria e Italia, y finaliza con la muerte del padre a los 54 años cuando era Embajador de Chile en Washington y deben volver a París para regresar definitivamente a Chile.

Wenceslao Díaz había tenido referencias de la existencia de estos diarios e ilustraciones, pero su búsqueda había sido infructuosa, hasta que editó las cartas de María Tupper y ahí encontró información importantísima que le dio luces del material. Se contactó entonces con María del Pilar Rodríguez, nieta mayor de Ximena Morla, la depositaria de los escritos, e iniciaron un largo trabajo de recopilación e investigación.

“El lector debe recordar –señala Díaz- que no está frente a un documento histórico, sino el relato vital que hace una niña muy observadora, franca y ocurrente, que retrata detalladamente su mundo, las personas que la rodean y sus actitudes. Es ésta una crónica escrita con gracia y naturalidad, un retrato de la vida cotidiana de esa familia, variada y rica en experiencias, realzado ahora por las notables ilustraciones de Ximena”.

La exposición LAS MORLA. Diarios y dibujos recoge parte de las ilustraciones originales realizadas por Ximena Morla para los relatos de su hermana Carmen y se complementa con pinturas y dibujos independientes de la misma autora. Asimismo, reúne algunos muebles y objetos que les pertenecieron. La muestra incluye una ambientación de pieza de niños de fines del XIX, a cargo de María José Tagle, de Mandarino, que recrea el espacio en que las niñas Morla escribieron sus diarios. También habrá una línea de tiempo contextualizando su época.

“Mi abuela Ximena era una extraordinaria artista que nunca tuvo la menor conciencia del impacto que producía su maravillosa pintura. Ella miraba a uno de sus hijos y lo pintaba. Su hermana Carmen le contaba una historia y la pintaba… Creo que en todos los años que estuve cerca de mi abuela, la vi hacer siempre las mismas cosas: pintar un muro, una tablita, una hoja de papel, cultivar su huerta, y bailar al compás de La Mer, de Debussy”, expresa la destacada escritora Elizabeth Subercaseaux, nieta de Ximena Morla.

Y agrega: “La tía Carmen era muy distinta de su hermana… Andaba siempre como colgada de algún misterioso hilo del pensamiento de los demás. Era adivina y sabia. Te veía entrar y sabía lo que estaba doliendo. Si su hermana lo pintaba todo, ella todo lo escribía. Su pluma tiene ese encanto distraído de las brujas buenas. Y una hondura que sorprende. Como si algo o alguien le dictara. Para ella la línea entre este mundo y el otro no solamente era tenue, yo creo que nunca existió”.

Elizabeth Subercaseaux culmina su texto de presentación del libro, de la siguiente manera: “Yo no sé en qué lugar se encuentran ahora, pero no me cabe duda de que, sea cual sea el destino de los muertos, están juntas, una escribiendo su diario del más allá, la otra ilustrándolo”.