Música

Una leyenda viva y la más prestigiosa intérprete femenina de sitar en el mundo, la doctora Krishna Chakravarty se presenta por segunda vez en Chile, en nuestro Centro Cultural. En 2009 ofreció un concierto-homenaje a George Harrison, el primer músico pop en escuchar el oculto sonido trascendental del sitar de la India, que escribió tres piezas para los Beatles con ese instrumento.

En esta oportunidad, la discípula de Ram Das Chakravarty y de Ravi Shankar, que se ha presentado en varios países del mundo desde el Palacio Real de Nepal, pasando por los festivales de música de Europa y universidades norteamericanas, traerá la música clásica de la India. Su estilo es un delicado balance de sutileza, fuego, profundidad y una increíble destreza y fuerza, siendo conocida y admirada por la sorprendente velocidad a la que puede llegar a tocar en su sitar.

Nacida en 1951 en Benares, India, es egresada de la Facultad de Música de la Universidad Hindú de esa ciudad, la escuela más grande e importante de toda Asia, donde hoy es docente y decana. Obtuvo el Master of Arts y un doctorado en música en la Universidad Wesleyan, de Estados Unidos, además del título sangit pravin (equivalente al doctorado) en el Prayag Sangit Samithi de Allahabad, India.

El sitar es un instrumento musical indio de cuerda pulsada, de arquitectura similar a la de la guitarra, el laúd o el banjo. Se identifica por su sonido metalizado y sus glissandos. Versátil y envolvente, tiene un sonido delicado y brillante, apropiado para expresar el lento desarrollo de los ragas así como para servir a la interpretación virtuosa. Se cree que fue introducido en India desde Persia durante el período mogol. Otros musicólogos, en cambio, atribuyen su invención a Amir Jusru, un importante músico cortesano musulmán del siglo XIII.

Todas las cuerdas se pulsan con una púa llamada “mizrab”, que se instala en el dedo índice, a excepción de las simpáticas (que actúan por acción de otras), que eventualmente se tocan con el dedo meñique.

El sitar tiene entre 18 y 26 cuerdas: cuatro de ellas se utilizan para desarrollar las líneas melódicas y otras tres funcionan como acompañamiento armónico y rítmico. Entre 11 y 19 cuerdas son afinables y vibran por simpatía y con su resonancia añaden cuerpo y textura al sonido.