Artes Visuales

De los grandes artistas del siglo XX, André Racz (1916-1994) es posiblemente el único que mantuvo un estrecho vínculo con Chile. Sus hijos son chilenos, sin embargo, su obra no ha tenido el reconocimiento acorde a un creador de su talla.

Hoy, a 20 años de su muerte, la Corporación Cultural de Las Condes, Fundación Itaú y la Fundación ProCultura, junto a la familia del artista, recogen parte de su legado y han preparado una gran exposición antológica, como una forma de poner en valor a este artista visual de reconocimiento internacional y su influencia en el desarrollo del arte contemporáneo.

Racz. Un maestro por descubrir reúne más de 80 pinturas, grabados y dibujos del reconocido artista rumano, nacionalizado norteamericano, desde obras de la primera época en Nueva York de vertiente más naturalista hasta el expresionismo más dramático de sus últimos días.

La exposición se presenta paralelamente en las salas de exposición del Centro Cultural Las Condes y Espacio ArteAbierto de Fundación Itaú. La curatoría está a cargo del equipo de la Corporación Cultural de Las Condes, junto con la investigadora Carolina Abell y una de las hijas del artista, Simone Racz.

Para Francisco Javier Court, director de la Corporación Cultural de Las Condes, André Racz fue un factor determinante en el desarrollo del grabado local y fue un fuerte nexo con otras culturas y países. “Pese a que vivió breves períodos en Chile y aunque no formó escuela, muchos artistas fueron influenciados por él. Fue profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile e hizo clases de grabado a Carmen Silva, Hugo Marín, Carlos Faz y Ricardo Yrarrázaval, entre otros. No sólo daba clases sino que era una verdadera lección de vida. Su obra es de una gran fuerza interior y contenido espiritual. Racz logra transmitir el dolor y la felicidad en dos trazos”.

Por su parte, Jaime Uribe, gerente general de Fundación Itaú, señala que “como Fundación buscamos generar espacios de acceso a artistas de relevancia internacional y en este caso difundir la obra de un creador que tuvo un vínculo importante con nuestro país y una vasta trayectoria, pero no es suficientemente conocido. Nos interesa potenciar y valorar su legado”.

Sobre la muestra

En la exposición se recrea uno de los talleres de André Racz, y, considerando que su legado es inmenso (más de mil obras recuperadas desde Estados Unidos), gracias a la colaboración de la Facultad de Arte de la Universidad Finis Terrae, se recurre a apoyo tecnológico para que el público pueda observar piezas que no están en exhibición y hojear cuadernos y libros del autor.

A su vez la Escuela de Artes Aplicadas “Oficios del fuego”, dirigida por su hija Simone, destacada ceramista, ofrece un taller de diferentes técnicas artísticas para adultos y jóvenes a partir de los 16 años. En forma complementaria se realizan visitas guiadas, un ciclo de cine norteamericano y un taller de arte para niños.

En la inauguración de la exposición, martes 5, a las 19 horas, se presenta además el libro “Racz, línea de horizonte”, editado por ProCultura, con textos de Carolina Abell. “Contar en Chile con la obra completa de este gran artista despliega posibilidades de sumergirse en la historia del grabado en Chile, influenciado por Racz. Significa contar con obras de valor universal que se encuentran sólo en el país, incorporándolas a nuestro patrimonio nacional para su difusión pública”, señala Ilonka Csillag, presidenta de ProCultura.

Sobre el artista

André Racz, dibujante, grabador y pintor, nació en Cluj, en la región de Transilvania, Rumania, en 1916. De origen judío, huyó de su país en tiempos de las grandes guerras, radicándose primero en Portugal y en 1938, en Estados Unidos, formando parte de la vanguardia que participó en el Pabellón rumano de la Feria Mundial de Nueva York.

Dicha ciudad era el centro del arte mundial en esos años, lo que llevó a Racz a vincularse con grandes figuras como Joan Miró, Jackson Pollock y Henry Moore. Entre 1943 y 1945 fue profesor asistente del taller 17 del precursor del grabado Stanley William Hayter, donde estrechó lazos con importantes artistas de todo el mundo, entre ellos los chilenos Roberto Matta, Nemesio Antúnez y Enrique Zañartu.

A través de su amistad con los chilenos, en 1946 viajó al país por primera vez y luego repitió la experiencia en varias oportunidades, motivado por su matrimonio con la soprano chilena Teresa Orrego Salas, con quien tuvo tres hijos. Mantuvo una larga amistad con Claudio Arrau, Enrique Délano, Lily Garafulic, Pablo Neruda y Gabriela Mistral, para quien ilustró el libro Poema de las madres.

A partir de 1950 en Chile, fue profesor de la Facultad de Arte de la Universidad de Chile y director de la Academia Villavicencio. También se desempeñó como profesor invitado y becado por la Fullbright Foundation en la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad Austral (1957).

De regreso a Estados Unidos, en 1953 se integró como profesor a la Facultad de Artes de la Universidad de Columbia, donde fue decano en dos períodos y se retiró 30 años después como profesor emérito. Se le ha reconocido entre los grandes maestros en Estados Unidos, y representado en las más importantes colecciones de museos del mundo, como MOMA de Nueva York, Whitney Museum y otros museos de Latinoamérica y Europa.

Falleció en Englewood, New Jersey, en septiembre de 1994.