Artes Visuales

Una serie de más de 80 pinturas y dibujos, ejecutadas durante los últimos años en su taller del cerro Cárcel de Valparaíso, presenta el artista SALVADOR AMENÁBAR CRUZ en nuestro Centro Cultural. El artista, formado en la Escuela de Arte de la Universidad Finis Terrae, es uno de los más interesantes de la escena contemporánea chilena y desde el año 2000 se ha convertido en una figura paradigmática del nuevo realismo, aunque su obra trasciende a cualquier intento de encasillamiento.

“Amenábar es un hombre de convicciones. Su manera de vivir y, sobre todo la forma en que asume su trabajo, lo demuestran. Desde que se inició en la pintura, se ha mantenido ajeno a contingencias y ha demostrado que el oficio, el pincel, la materia y la tela son atemporales y que el dibujo, al contrario de lo que algunos declaran, es la base fundacional de cualquier obra”, expresa Francisco Javier Court, director de la Corporación Cultural de Las Condes, quien destaca su tenacidad para sostener una mirada intransable de la pintura y trabajar en el camino que se trazó.

Nacido en 1973, Salvador Amenábar pinta desde niño y, ajeno a las modas, ha sido fiel a una pintura que aprendió en el taller que tenía su abuelo materno, José Cruz, en Melipilla. Él lo acercó a la obra de Manet, Goya, Velásquez y Corot. Posteriormente realizó estudios académicos, aunque en forma temprana optó por el trabajo de observación en terreno y en taller. Se dedicó a viajar, primero a San Antonio, luego a Europa, hasta que se radicó en Valparaíso hace ya más de dos décadas.

Ha realizado ocho exhibiciones individuales desde su primera muestra, El paisaje oculto, del año 2000 y en Santiago no expone desde hace cuatro años. Sus pinturas son fácilmente reconocibles por la carga emotiva que despliegan y puede dedicarles meses de trabajo y, al contrario de lo que podría pensarse, sus abigarradas composiciones no surgen de ideas preconcebidas, sino que se estructuran directamente sobre la tela. Es ahí donde surge el relato y la potencia de las imágenes. Sólo, a la manera de los maestros clásicos, un riguroso sistema de bocetos, puede anteceder a lo que vendrá después.

Dibujos y pinturas dan cuenta de las inquietudes actuales del autor, donde el hombre es el eje fundamental y la pintura, un proceso interno, no exento de pasión y dolor. Aunque se mantienen las mismas temáticas centradas en retratos de mujeres, autorretratos, bares y naturalezas muertas, hay cambios en el formato y en la paleta de colores, un poco más restringida. También hay escenas exteriores como majadas y pescadores, además de algunas pinturas alegóricas con escenas de bacanales y aquelarres.

Como señala su amigo Andrés Lyon en el catálogo: “Pareciera que lo nuevo no es necesariamente moderno. Quizás para poder ver realmente nuestra época debemos adherir a ella tomando distancia. Las obras de Salvador Amenábar son acaso modernas en este sentido, pues indagan el presente iluminándolo con la tradición viva de la pintura”.